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“El Club” – De curas retorcidos

Las instituciones religiosas no están ajenas a las controversias. De hecho, en ocasiones hasta parecen protagonizarlas. Con los escándalos como punto de partida, surge “El Club” (“The Club”), un drama chileno galardonado en festivales internacionales, que llega hoy a las salas de cine Fine Arts de Puerto Rico.

Alejandro Goic, Alejandro Sieveking, Jaime Vadell y Alfredo Castro en "El Club".

Alejandro Goic, Alejandro Sieveking, Jaime Vadell y Alfredo Castro en “El Club”.

En “El Club”, cuatro hombres conviven en una retirada casa en la localidad costera de La Boca, Chile, bajo la mirada de una cuidadora. Los cuatro hombres son curas y están ahí como penitencia, para purgar sus pecados. La rutina y tranquilidad del lugar se rompe cuando llega un atormentado quinto sacerdote, y los huéspedes reviven el pasado que creían haber dejado atrás.

Este drama inicia lento, pero todo se pone en marcha cuando llega el quinto padre, y con él, un dramón. Una adulto que fue víctima de abuso sexual por parte de varios sacerdotes cuando niño aparece en la comunidad. Claramente perturbado, el hombre padece del síndrome de Estocolmo, mostrando emociones contradictorias, una cruda representación del daño indeleble que una situación tan traumática puede tatuar en sus víctimas, sobre todo si no se busca ayuda.

Este filme no es para todo el mundo. NO es ni familiar ni para niños. De hecho, no es ni para mí. Y quizás ni para ti, si eres amante de… [CENSURADO]. Trabaja situaciones fuertes y temas serios como la homosexualidad, la pedofilia, el abuso sexual, la ambición por el juego, los traumas mentales, la corrupción y la mentira. Pero no todo es triste. Ocasionalmente salpica un poco de humor a lo largo del trayecto, pero es mínimo.

Los personajes son complejos, los que los hace interesantes, y en general, las actuaciones son buenas. Lo triste del caso es que todos los personajes son unos desajustados, lo que le quita un poco de credibilidad y hace difícil crear empatía hacia estos.

El elenco lo forman Alberto Farías, Antonia Zegers, Alfredo Castro, Alejandro Goic, Alejandro Sieveking, Jaime Vadell y Marcelo Alonso.

La cinematografía se arropa en tonos grises y oscuros la mayoría del tiempo, pero no afecta negativamente a este ‘thriller’.

El propósito del filme es criticar a la Iglesia y sus encubrimientos. En palabras del director Pablo Larraín, “tiene que ver con la idea de que la Iglesia difícilmente cree que sus miembros van a encontrar la justicia en un tribunal civil. Es una película sobre la redención, sobre la purga y sobre las víctimas”. No obstante, para mí lo más creíble fue el pronunciado trauma de la víctima.

Larraín escribió el guión junto a Guillermo Calderón y Daniel Villalobos.

En cuanto al encubrimiento, llega al punto en que las motivaciones de los personajes son cuestionables y estos son llevados a un límite en el que casi se siente que rompió con los personajes. A esto le sumas la resolución final, y te quedarás pensando en qué ocurrirá después. El cierre da para otro filme más, probablemente igual de difícil que este.

La película no es mala; está bien hecha, y aquellos que quieran un drama pesado y crudo, podrán salir satisfechos, pero yo con verla una vez ya cumplí, y como no es mi tipo de película, se me hace difícil recomendarla. Más allá de la crítica y el drama, no hay nada alentador ni positivo que se quede contigo cuando abandones la sala.

Distribuye: Wiesner Distribution
Clasificada: Sin clasificación, pero pongámosle R.
Duración: 1:38
Género: Drama
Calificación: 2.5/5

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