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“The Fault in Our Stars” – El efecto colateral de vivir

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Shailene Woodley y Ansel Elgort en “The Fault in Our Stars”. Foto: 20th Century Fox

Así como Gus no podía desviar su mirada de Hazel, tampoco pude yo dejar de mirar la pantalla mientras la cinta corría.

“The Fault in Our Stars”, sin duda, además de ser una novela bastante aclamada por las masas, será una de las películas más recordadas por el público joven de esta generación. Con una maravillosa mezcla de humor, lágrimas y amor, esta película nos atrapa e incita a tomar un suspiro y meditar sobre nuestras vidas.

En el 2012, John Green lanzó al mercado este libro, probablemente sin ninguna idea de que sus personajes cobrarían vida en la pantalla gigante y a todo color. En esta historia, Green nos presenta a Hazel Grace, una joven de dieciséis años quien padece cáncer de tiroides fase IV, el cual se expande a sus pulmones. Además de las pastillas, el descanso y las “chemo”, Hazel asiste a una terapias de grupo, sólo por complacer a sus padres. Es allí donde su camino se cruza con el inteligente, apuesto y seguro de sí mismo Augustus Waters, un encantador sobreviviente de cáncer.  Por aquello de no perder tiempo, la invita a salir el mismo día en que se conocieron, no sin antes dejarle saber que era hermosa y que por eso no podía quitarle los ojos de encima. Valiente, ¿no creen?

De ahí en adelante se desarrolla la historia de este amor enfermizo y no, no se asusten, sólo uso ese termino para referirme a el infortunio de ambos jóvenes por ser pacientes de cáncer.

Simple y memorable. Utilizo esos dos adjetivos para describir el excelente trabajo de dirección realizado por Josh Boone. Aquellos que leímos el libro íbamos con una expectativa  en la mente y esa fue la que nos brindaron. Nos pintaron las imágenes que disfrutábamos página tras página y nos hicieron vivir cada momento importante. La película cuenta con un desarrollo constante; vemos poco a poco como se van desencadenando los hechos. Cinematográficamente hablando no cuenta con efectos especiales y gráficas de otro mundo pues no es ese tipo de película. El peso del contenido de la misma recaía en los actores y el elenco supo llevar a cabo está gran labor. A pesar de que varios personajes se quedaron sin crecer mediante las escenas, los protagonistas  Shailene Woodley y Ansel Elgort nos dieron de qué hablar. Su química en pantalla es fascinante. Elgort con su sonrisa  “matrera”, como dicen por ahí, arrancó suspiros en la sala. Tanto así que casi no me dejaban escuchar. Por otro lado Woodley nos entregó su corazón mediante su mirada. No cabe duda de que seguirá siendo aclamada por el público y por los productores.

En fin, una gran historia, un buen elenco, una buena producción. Desde la música de fondo hasta los hermosos  paisajes en Amsterdam. Nos dieron color, vida y sentimientos. Nos regalaron diálogos sacados del libro de una manera exacta y nos dejaron con mil citas memorables en la mente. Les advierto una sola cosa antes de terminar: Será prácticamente inevitable preguntarle a su ser amado “Okay?”, después de ver la película. Luego me entenderán. Véanla, disfrútenla y si son de los que lloran por cualquier cosa, lleven sus pañuelitos listos para utilizar.

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Ahí vamos.