Nosotros

Un día de m&m’s desparramados

El día de hoy se puede resumir en m&m’s desparramados, pero todo comenzó en la noche de ayer.

Ayer cuando fui a la farmacia, vi que los dulces estaban en ‘especial’ a .59¢–digo ‘especial’ porque .60¢ era el precio regular que recuerdo que tenían en los “vending machines”, pero como el costo de vida sigue subiendo, ahora .59¢ es todo un especial. Pensé en comprarme dos dulces: un Snickers y unos m&m’s. Sin embargo, recuerdo que tras darle un poco de pensamiento al asunto, opté por comprarme dos bolsas de m&m’s, pues así se me haría mejor comerme unos cuantos en un momento, guardar el resto para otro rato, y el resto para después, por aquello de economizar y no convertirme ni en elefante ni en diabético.

Esta mañana me atrapó la cama y salí tarde al cementerio (falleció el hermano de un amigo al que hace años no veía). Como no me dio tiempo a desayunar, me llevé conmigo el ‘resuelve’: una bolsa de m&m’s. Este sustituto a un nutritivo desayuno completo me garantizaría que me podría comer dos o tres por el camino, de modo que no fue fuese a desmayar en la Misa, ni bajo el intenso sol de mediodía que tanto me detesta.

Eso mismo hice. Llegué al cementerio, improvisé un estacionamiento y guardé la bolsa de m&m’s en el compartimiento del centro, entre medio de los dos asientos delanteros, para guarecerlos un poco del crisol del sol.

Salgo del cementerio, almuerzo con un amigo y paro en mi apartamento un momento antes de irme al trabajo. Cuando me monto en mi auto para irme a trabajar, abro el compartimiento para buscar mi carné de identidad, ¿y qué me encuentro? La bolsa de m&m’s… vacía.

Había una fiesta de colores sobre el blanco y negro de la carátula del disco “Ahí Vamos” de Gustavo Cerati, y el blanco y negro del ‘fracatán’ de recibos que tiro ahí, con la esperanza de un día ser organizado y ver si el dichoso IVU Loto me premia con algo.

Foto: José G. Landrón.

Foto: José G. Landrón.

 
Llego al trabajo, y como llegué temprano, me pongo a guardar como mejor puedo cada m&m dentro de la bolsa. Estos, resbalosos y derretidos, me recuerdan una de las grandes mentiras de la publicidad noventosa: que los m&m’s se derriten en tu boca y no en tu mano. Ahí estaban ellos, muertos de la risa, derritiéndose encima de la caja del CD de Cerati, encima de los recibos y en mis manos, mientras cuidadosamente los intentaba meter en la bolsita, para no mancharme además la ropa (es posible que tenga una mancha azul en mi pantalón).

Pensé en botarlos, pero luego recordé que parte del propósito de estos era ayudarme a calmar el hambre cuando a mi estómago le diera por cantar ópera en el trabajo. Doblo la bolsa bien y la acomodo en uno de los bolsillos de mi bulto.

Luego de unas cuantas horas en el trabajo, me acuerdo que tengo a los m&m’s esperando por mí. Abro el bolsillo, y para mi sorpresa, me encuentro con un panorama sumamente conocido: la bolsa vacía y el “party” de m&m’s en el bolsillo.

Entonces me pregunto: ¿de quién sería la brillante idea de hacer las bolsas de m&m’s de plástico? Recuerdo que cuando pequeño, las bolsas eran de papel. Una bolsa de papel quizás habría evitado las coloridas fugas de chocolates enmascarados.

Con las filosofías de “lo que mata no engorda” y la del Joker, “lo que no te mata, te hace más extraño”, me despreocupé y los consumí directamente del bolsillo de mi bulto, inicialmente habitado por bolígrafos y una goma de borrar.

En el proceso, me doy cuenta que tienen un nuevo sabor: Seasalt m&m’s. Resulta que por alguna razón (ejemplo: salvarme de una situación de papas fritas sosas), hace tiempo había guardado un sobrecito de sal que me dieron de más en Wendy’s y este se rompió en ese mismo bolsillo. No me extrañaría ver a Mars mercadeando la accidental combinación ahora que se pasan introduciendo sabores nuevos como el bizcocho de cumpleaños.

No sé si es el efecto de mis anticuerpos batallando todos los ingredientes adicionales de la mezcla o es que ciertamente “lo que no te mata, te hace más extraño”, pero sentí la necesidad de contarles mi día de m&m’s desparramados, en la noche de un sábado.

Debí haberme comprado el Snickers.

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Ahí vamos.